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LAUDATIO DE LA FUNDACIÓN BARENBOIM-SAID CON OCASIÓN DE LA ENTREGA DEL VIII PREMIO INTERNACIONAL HUMANISMO SOLIDARIO “ERASMO DE ROTTERDAM”.

Manuel Ángel Vázquez Medel

Alcázar de Sevilla, 12 de marzo de 2024

Sr. Secretario General para la Cultura, Sres. Representantes de la Fundación Barenboim-Said, Presidente, Secretario y miembros de la Asociación Humanismo Solidario, Autoridades, distinguidos invitados, amigas, amigos:

Ante todo he de agradecer la confianza depositada en mí para ofrecerles esta reflexión sobre los méritos y valores de la Fundación Barenboim-Said, así como su ejemplaridad en estos momentos.

Humanismo Solidario, como corriente crítica e intelectual de personas libres con la idea irrenunciable de la fraternidad universal y de la unidad profunda de la humanidad, por encima de las siempre enriquecedoras diferencias, nos convoca hoy aquí a su acto más solemne y significativo: la entrega del Premio “Erasmo de Rotterdam”.

Como se ha indicado en el acta de concesión, el Premio Internacional Humanismo Solidario “Erasmo de Rotterdam” pone en valor a las personalidades o instituciones que se han destacado por la defensa de los principios de solidaridad, interculturalidad, humanidad, dignidad y valores del ser humano en su obra de pensamiento, intelectual, creativa, artística y literaria. Como afirmaba Edward Said, “la solidaridad transversal es fundamental para construir un movimiento global de resistencia contra la opresión” y de búsqueda de un nuevo humanismo para el siglo XXI. Porque necesitamos impulsar nuevas formas de pensar, nuevas formas de sentir, comunicar y actuar para construir una nueva humanidad planetaria. Para que el vino nuevo de los tiempos no caiga en odres viejos, que ya no pueden contener los nuevos valores y están reventando ante nuestros ojos.

Hasta el momento, este reconocimiento ha sido otorgado a personalidades indiscutibles que expresan en grado de excelencia estos valores: el escritor, economista y pensador José Luis Sampedro; el filósofo y escritor Emilio Lledó; el novelista Jorge Galán; el filósofo y politólogo francés Sami Naïr; la directora de teatro y actriz Nuria Espert; la filósofa Amelia Valcárcel y el escritor Sergio Ramírez.

La Asociación Internacional Humanismo Solidario ha decidido conceder el VIII Premio Internacional Humanismo Solidario “Erasmo de Rotterdam” 2023 a la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said, como institución ejemplar, que desde su constitución en 2004 es fiel representante y valedora de los principios éticos que defendemos y que, con tanto vigor, ha defendido esta institución a lo largo de las dos últimas décadas: la promoción del espíritu de paz y la reconciliación a través de la música, con proyectos de formación y cooperación para el desarrollo en Andalucía, en los Territorios Palestinos y en otros países de Oriente Próximo, así como el impulso de los derechos inherentes a la diversidad y pluralidad que están en el frontispicio de nuestra organización. Todo ello adquiere especial importancia en los momentos actuales, con la guerra que diezma la vida en Palestina e Israel.

Nos encontramos, por tanto, ante el primer reconocimiento a una institución, la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said, aunque también queremos que se extienda a quienes ejemplarmente impulsaron la iniciativa y dan nombre a la Fundación: el gran crítico y teórico literario y musical, así como activista palestino-estadounidense Edward Said (1935-2003), cuya experiencia personal, como palestino educado en Occidente, le permitió desarrollar una perspectiva única e inigualable sobre las relaciones entre Oriente y Occidente; y el extraordinario director de orquesta y pianista Daniel Barenboim (1942), argentino pero con nacionalidad española, israelí y palestina. Ambos son símbolos de unidad y universalidad, expresión de lo mejor de la condición humana, en su impulso hacia la verdad, la bondad y la belleza. En ellos y en su obra encontramos -en estos tiempos tan oscuros- semillas de esperanza para la construcción de una nueva civilización planetaria en nuestra Matria Tierra, en la que todos los seres humanos, por el hecho de serlo, tienen derecho a la vida, a una alimentación y condiciones de existencia dignas, a la salud, a la educación, a la cultura.

Hoy queremos celebrar con este galardón no solo los logros extraordinarios de la Fundación, sino resaltar su dedicación inquebrantable a promover valores humanísticos en el siglo XXI y a forjar puentes culturales a través de la música, la educación y la cultura. Porque la cultura es más que un ornato o un “valor añadido”: una realidad sustantiva y esencial para la vida humana y una vía imprescindible de transformación y de mejora de nuestro mundo. Además, desde las imprescindibles industrias culturales, una fuente de creación de empleo y de riqueza al servicio de la sociedad.

En 1999, Daniel Barenboim, junto a Edward Said, al que lo unió una gran amistad, fundó la West-Eastern Divan Orchestra, una iniciativa para reunir un grupo de jóvenes músicos con talento, tanto de origen israelí como de origen árabe o español. Ambos recibieron el premio Príncipe de Asturias de la Concordia (2002) por este gran logro.

En su acto de entrega, en 2002, Barenboim pronunciaba unas palabras que expresan a la perfección por qué su proyecto -que ha demostrado que la colaboración artística puede superar las barreras geopolíticas y étnicas- sigue plenamente vigente y merece el nuevo reconocimiento que hoy se le otorga:

“Edward Said y yo hemos concebido nuestro proyecto como un diálogo permanente. Este premio supone una focalización en una manifestación de la concordia como lo son el diálogo y la armonía. En el West Eastern Divan se une un lenguaje universal y metafísico como es la música con el continuo diálogo que mantenemos con los jóvenes y ellos mantienen entre sí.

Averroes y Maimónides, que propugnaron en su complicidad filosófica que tiene que existir equilibrio entre la razón y lo metafísico, se negaban a ser llamados maestros y escuchaban y dialogaban con sus discípulos como nosotros lo hacemos con estos jóvenes que, creyendo aprender algún modesto conocimiento o técnica de nosotros, muchas veces nos ofrecen grandísimas lecciones.

Y terminaba indicando: Edward Said y yo, imitando a aquellos personajes del diálogo platónico Ion, el rapsoda y el filósofo que debaten sobre el conocimiento racional y la inspiración, mantenemos un diálogo permanente. Como en la obra de Platón, el diálogo es un fin para reflexionar y llegar a conclusiones, y también un medio, una forma de concebir la existencia y la amistad”.

En tiempos de confrontación, de odios y violencias extremas, Barenboim hace un llamamiento insistente al diálogo. A resolver las diferencias (que siempre son enriquecedoras y no deben llevar a la confrontación) a través de la palabra, dià-lógos. Con ello pone en valor la fuerza de la razón (también de la emoción y el sentimiento) frente a la (sin)razón de la fuerza. Porque, como dijera otro sabio judío, George Steiner, “Tengo por axiomático que cualquiera que torture a otro ser humano, aunque sea por imperiosa necesidad política o militar, cualquiera que sistemáticamente humille o deje sin hogar a otro hombre, mujer o niño, pierde el núcleo de su propia humanidad”. Una humanidad esencial y compartida porque, como afirmaba Cervantes, “ningún hombre es más que otro, si no hace más que otro”.

La Fundación Barenboim-Said es un faro de esperanza y un modelo ejemplar de lo que significa cultivar un nuevo humanismo del siglo XXI en un mundo agitado y fragmentado, en el que se imponen dinámicas destructoras de violencia. Porque, como decía Said, “las fronteras son construcciones artificiales que dividen a los seres humanos y perpetúan la desigualdad”. Su labor incansable en la promoción de la paz, el entendimiento intercultural y la educación artística merece nuestro más profundo reconocimiento. Y su cauce esencial es el diálogo, porque solo a través de la palabra -potenciada por otras expresiones artísticas, especialmente musicales- es posible dirimir las diferencias, acabar con los conflictos e impulsar una vida armónica y respetuosa entre todos los seres humanos, hijos de una sola y única humanidad. “La música -afirma Barenboim- no tiene fronteras, traspasa los límites culturales y nos conecta como seres humanos”. Como lenguaje universal con una potente capacidad de resonancia, de llegar a nuestro corazón y conmovernos, es instrumento de concordia y de armonía. Por ello cada concierto es una manifestación de unidad en la pluralidad, de posibilidad -también- de construir un mundo concertado, en consonancia, y no en disonancia. Cada muestra de eufonía es también una plasmación concreta de la posibilidad de avanzar hacia la eutopía, la utopía hermosa y positiva de una nueva humanidad en paz: “la música nos enseña a trabajar en equipo y a encontrar armonía en nuestros vínculos”.

La música no necesita traducción. A diferencia de otras formas de expresión artística, es accesible y comprensible para personas de todas las culturas y nacionalidades, creencias religiosas o ideologías, creando un vínculo entre ellas. Como ha dicho Barenboim, “la verdadera esencia de la música está en interpretarla con el corazón, no solo con las manos”, y este es también un verdadero impulso de la fundación que hoy reconocemos. Además, “la música nos enseña a escuchar y a comprender los sonidos que nos rodean”, pero también “nos enseña a escuchar a los demás y a valorar diferentes perspectivas”, impulsa una poética del silencio, desde el que surge el sonido, una poética de la escucha activa, una poética hermenéutica de la comprensión de los sonidos, una poética de la apertura del corazón y de la resonancia. Y por ello, nos ayuda a escuchar los gritos del mundo, de nuestra madre tierra.

También encontramos, en estas frases-guía del maestro, las claves no solo para ser voluntariosos, sino constantes, para corregir errores y aspirar a la excelencia: “la práctica constante es clave para alcanzar la excelencia en la música”. Y por ello en Humanismo Solidario procuramos mantenernos en la práctica constante de los principios y valores que ahora se reconocen, porque “la música nos enseña a ser pacientes y perseverantes”.

El maestro Barenboim y el desaparecido Edward Said concibieron la fundación como una respuesta creativa a las tensiones y conflictos que asolan el Medio Oriente, que en estos mismos días alcanzan cotas inimaginables de muerte, horror y destrucción. Su visión de un espacio donde jóvenes músicos de diferentes orígenes pudieran aprender, colaborar y crecer juntos dio lugar, como vimos, a la Orquesta West-Eastern Divan. Este proyecto único ha demostrado que la música, más allá de ser un arte sublime, expresión de lo mejor de la humanidad, puede ser un puente que une a personas de diversas culturas, horizontes y perspectivas.

La Fundación Barenboim-Said ha demostrado con valentía que el humanismo no es un ideal abstracto, sino una fuerza viva y dinámica que debe encarnarse en el mundo de la vida y puede inspirar cambios significativos en la sociedad. Al integrar la educación musical con un compromiso activo hacia la igualdad y la justicia social, desde la fraternidad, la fundación ha trascendido las fronteras artísticas para abordar cuestiones fundamentales de la condición humana. Porque solo la relación dinámica y no excluyente entre los tres valores esenciales de la modernidad, libertad, igualdad y fraternidad, puede trazar el horizonte de la “paz perpetua” a la que aspiraba el mayor de los pensadores de la modernidad, Enmanuel Kant. Mientras avanzamos hacia ese horizonte, “la música nos ayuda a encontrar paz y serenidad en medio del caos”.

A través de programas educativos innovadores, la Fundación Barenboim-Said ha ofrecido oportunidades transformadoras a jóvenes con talento que, de otra manera, podrían haber quedado marginados. Este compromiso con la educación ha creado un legado duradero, influyendo en la vida de innumerables individuos y generaciones futuras. Constituyen semillas de esperanza, tan necesarias en el momento presente, en el que hemos de sobreponer al pesimismo de la inteligencia el optimismo de una voluntad resuelta a trabajar por otro mundo posible, otro mundo mejor. Porque “la música nos enseña a encontrar la belleza en los momentos más difíciles de la vida”.

Por ello el Premio Humanismo Solidario no solo honra los logros del pasado, sino que también destaca la inspiradora visión de un futuro mejor. La Fundación Barenboim-Said nos recuerda que la música, la educación y el diálogo intercultural son herramientas poderosas para construir puentes en un mundo que a menudo se ve confrontado por diferencias que deberían ser aceptadas como enriquecedoras. Su labor es una llamada a la acción para todos nosotros, un recordatorio de que el humanismo y la solidaridad son fuerzas poderosas que pueden transformar vidas y sociedades, porque también “La energía que se transmite a través de la música es única y transformadora”.

En el horizonte de dinámicas complejas de transformación de lo humano en el siglo XXI, de “transhumanización”, entendemos que es más necesario que nunca caminar hacia horizontes de verdad, de bondad y de belleza, desde los tres impulsos mutuamente necesarios que impulsaron la modernidad: libertad, igualdad y justicia social, fraternidad.

La Fundación Barenboim-Said es más que una institución cultural; es un testimonio vivo de cómo el humanismo, cuando se nutre y se cultiva con dedicación, puede ser la fuerza unificadora que trasciende las barreras y construye un mundo más armonioso.

Nos encontramos en momentos muy difíciles de la historia de la Humanidad. Pero “la pasión por la música nos impulsa a superar cualquier obstáculo”, porque -como se afirma en una acertada glosa de esta frase del maestro- “la pasión por la música actúa como un motor que nos impulsa a seguir adelante, a encontrar soluciones creativas y a superar los desafíos que la vida nos presenta. Para aquellos que sienten esta pasión, la música se convierte en una fuerza motivadora y transformadora, capaz de llevarnos más allá de nuestros límites y de conectarnos con la esencia misma de nuestra humanidad”.

Finalizamos con nuestras felicitaciones a la Fundación Barenboim-Said por este merecido reconocimiento, agradecemos su extraordinaria contribución al Humanismo Solidario y confiamos en que las semillas plantadas durante estos años germinen y fructifiquen para construir una nueva civilización planetaria en nuestra Matria Tierra, impulsada por el humanismo solidario. Seguiremos plantando para el futuro porque, como afirmaba Martín Lutero, “aunque el final del mundo sea mañana, hoy plantaré manzanos en mi huerto”.

Finalizamos con palabras de Baremboim, porque creemos y trabajamos para la paz, para el diálogo, para la concordia: “la música nos ayuda a desafiar los límites de lo que creemos posible”, “nos conecta con nuestros sueños y nos inspira a alcanzarlos”. Que así sea.

Muchas gracias.

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