JOSÉ MEMBRIVE
Escritor y Editor
En estos días tan convulsos con el tema de la emigración de africanos hacia Europa, es curioso que nadie se pregunte, qué tipo de desesperación impregna a los hombres, a las mujeres, a los jóvenes, a los niños y niñas africanas para arriesgar su vida a morir nadando por salir del infierno que entre todos les hemos creado. Y es que el continente más rico en materias primas, vive prácticamente en la pobreza extrema, en general, a pesar de que los occidentales están extrayendo valiosísimos bienes de todo tipo.
Nadie se pregunta por qué las guerras de ahora se están ensañando precisamente con los países más ricos en posesión de materias primas: Sudán: oro, petróleo, ganadería, y otros minerales suculentos; República Democrática del Congo, uno de los países con mayor riqueza natural del planeta como el Cobalto, con un 75% de la producción mundial, un material clave para la tecnología de almacenamiento energético; Sahel (oro, uranio, petróleo y gas, con un gigantesco potencial para producir energía solar. Somalia: petróleo, gas, ganadería y pesca, gran potencial minero sin desarrollar; Nigeria: petróleo, gas natural, oro, estaño… y enormes posibilidades agrícolas; Camerún: petróleo, gas, minerales, bosques, aguas, agricultura; Mozambique: enorme riqueza energética y minera, reservas de gas, carbón, grafito, piedras preciosas, tierras cultivables; Etiopía… uno de los países con más riquezas naturales y, a la vez, más pobres del mundo)
Como ocurre en cualquier otra parte del mundo, las mafias económicas arrasan cuando hay algo que les puede hacer enriquecerse. Y, curiosamente, tales mafias del latrocinio ajeno son, en gran parte, empresas occidentales que roban descaradamente allí donde se encuentra la riqueza sin mirar los millones de tragedias humanas que provocan.
La paradoja, no solo en África, sino, también, en general, en todo el mundo, cuanto más rico es un país en materias primas, más robado y torturado por los imperios como es el caso de Venezuela, Irán, Irak, con los cientos de miles de muertos a las espaldas de las mafioempresas, en este caso petrolíferas que dirigen el esperpento.
Nadie, ni un grito a favor de la comprensión y en contra de los genocidios que, no solo en Gaza, se están perpetrando cada día y de los que, al parecer, está prohibido hablar entre los siervos de la información occidental.
Pero la “ayuda” occidental a África no es accidental. Hace siglos que la estamos perpetrando. Por ejemplo, durante cuatro siglos -XVI al XIX- los civilizados europeos estuvimos integrando a los africanos en la civilización americana ¿Cómo? Los historiadores lo llaman esclavismo. Un negocio redondo: se trataba de armar a unos cuantos desalmados y mandarlos secuestrar a personas africanas y llevarlas a América para venderlas como esclavos. ¿En este caso quiénes eran los salvajes?
Este negocio fue muy rentable durante cuatro siglos: mano de obra gratuita las 24 horas, no tienes que pagar salario, ni seguridad social… Eso pensaron los europeos, principalmente españoles, portugueses, ingleses, franceses…, que, para horror, se declaraban cristianos.
En total las huestes criminales europeas secuestraron, durante esos cuatro siglos, unos 12 millones de africanos, de los que aproximadamente millón y medio murieron antes de llegar a ejercer la nueva profesión que los europeos, amablemente, les regalamos.
Naturalmente, el grueso del capital de tales negocios venía a Europa. En su libro La bisabuelita. Género, esclavitud y finanzas entre Cuba y Barcelona, Martín Rodrigo Alharilla y Lisa Surwillo, nos desvelan parte de la vida de Roque Llopart Asúa, dedicado al negocio de la venta de esclavos y del rico patrimonio obtenido.
En 2025 el museo marítimo de Barcelona organizó la exposición “La infamia. Participación catalana en la esclavitud colonial” que habla de una participación más amplia de catalanes como comerciantes, armadores, capitanes y propietarios de factorías dedicadas al comercio de esclavos. Entre las familias más conocidas: Antoni López y López, Marqués de Comillas, creador de un gran imperio empresarial en Cataluña con el dinero obtenido por el sistema esclavista; Joan Güel i Ferrer, Vidal Quadras, fundador de un banco que llevaba su nombre y Miquel Biada. Josep Xifré y Zuleta, enriquecido con el negocio azucarero esclavista. Se dice que toda esa riqueza obtenida por el negocio del esclavismo sirvió para fomentar la industrialización en Cataluña.
Pero el negocio del esclavismo llegó a su fin con la industrialización de mediados del siglo XIX en el que, curiosamente, la esclavitud africana dejó de ser rentable frente a otro tipo de esclavitud: la industrial, de los primeros tiempos, sin horarios dictaminados, ni sindicatos y con salarios de supervivencia, con jornadas de 12 horas resultaba más cómodo pagar salarios de miseria y que los esclavos se buscaran la vida fuera de las casas. La nueva esclavitud, más refinada que la anterior, hizo innecesario el rapto y secuestro de africanos. También por entonces comenzó a haber un movimiento contra la esclavización.
Pero los gobiernos europeos no se olvidaron de nuestros amigos africanos. Cuando la esclavización se hizo irrelevante económicamente, incluso, para algunos puritanos, incómoda, éticamente, los europeos, como siempre, tuvieron una idea genial. ¿Y por qué no nos repartimos directamente el continente y así tendremos riqueza y esclavos en abundancia? Los europeos, como civilizados que somos, convocamos una conferencia en Berlín (1884-85). El tema Scramble for Africa, traducido al español como la «carrera por África» o el «reparto de África». Así, por toda la cara, los gobiernos europeos se erigieron en los nuevos dueños del continente para dividir, invadir y apropiarse no solo de su riqueza, sino de sus gentes: había que “liberar” al pueblo africano de su incultura. Curiosamente en tal conferencia no hubo ningún representante africano. El control europeo pasó del 10 % al casi 90 % del continente en el periodo -1881-1914.
Y, sí, allí los criminales civilizados se pusieron las botas: El Reino Unido se adjudicó Egipto, Sudán, Kenia, Uganda, Nigeria, Ghana… un corredor de 16 zonas desde Egipto hasta Sudáfrica… estaban interesados en esquilmar las principales rutas comerciales, el canal de Suez, el acceso a la India (ya apuntaban maneras para el posterior imperio británico).
Francia se apropió del mayor conjunto territorial desde Argelia, y parte del Sahara hasta el golfo de Guinea y África Central.
El rey de Bélgica Leopoldo II se apoderó del Congo, no en nombre de su país, sino del suyo propio: de la explotación de marfil, minerales y, sobre todo el caucho que con el nacimiento de las bicicletas y, posteriormente de coches, se fue encareciendo. El buen Leopoldo II, reestableció el esclavismo de una manera absolutamente brutal: trabajo forzoso y entrega obligatoria de gran cantidad de caucho con castigos crueles y violentos para los que no alcanzaran a conseguirlo: azotes, toma de rehenes, destrucción de aldeas y asesinatos impunes. Los pobres policías, miembros de la Force Públique documentaban con gran cantidad de manos amputadas, el correcto ejercicio de su labor. En total, se calcula que murieron 10 millones de salvajes congoleños a manos de la policía y de la industria civilizada. Finalmente, ante una injusta campaña, Leopoldo II tuvo que entregar el Congo al estado belga. Pero la generosidad proverbial de este mandatario se manifestó en grandes obras y monumentos en Bruselas construidos con la vida, la sangre y el dolor de miles de congoleños.
Alemania tuvo que conformarse con Togo, Camerún, Namibia Tanzania, Ruanda y Burundi y para más desgracia, los europeos ganadores de la primera guerra mundial le robaron en 1914 todas sus pertenencias extranjeras.
Portugal conservó Angola y Mozambique que había colonizado y cuyo dominio persistió hasta 1975, a las que sumó Guinea-Bisáu, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe.
Para Italia (Eritrea, Somalia, Libia) y España (Guinea y Sáhara Occidental) solo algunas migajas.
Naturalmente cuando los gerifaltes europeos llegaron, como dueños, a robar las suculentas riquezas de marfil, oro, caucho, aceite de palma, sin que los nativos tuvieran noticia, encontraron -y qué salvajes son estos africanos- algunas resistencias que les obligaron a trasladar ejércitos para que los insumisos a la civilización europea mordieran polvo.
Pero la epopeya empresarial europea nunca fue reconocida por la histeria de sus protegidos. Injustos movimientos nacionalistas contra los civilizadores, pero, sobre todo, la Segunda Guerra Mundial constituyó un puñal que los europeos se clavaron en sí mismos para gozo y regocijo de los dos imperios de la Guerra Fría, EEUU y la URSS. Los europeos se mataron entre sí y los nuevos imperios les instaron a abandonar el chollo africano que ellos querían heredar.
Así que se inició un gran periodo de descolonización, de pronto los invasores se volvieron muy demócratas y comprensivos y procedieron a la descolonización política permitiendo que los países nombraran a sus propios gobiernos, eso sí, claro, respetando las empresas occidentales que tan buena labor extractiva de bienes estaban llevando a cabo. Así que la inmensa mayoría de empresas siguieron con su micción extractiva de riquezas. Nace el concepto de neocolonialismo: gobiernos títeres al ser-vicio empresarial extranjero. No necesitas gobernar un país para exprimirlo, basta con endeudarlos, por ejemplo, dictaminar su comercio y darle algunas prebendas a los gobernantes para que no den la lata con temas de la justicia social.
En realidad, los países occidentales siguieron extrayendo las materias primas pero su industrialización y puesta en valor se realiza en sus países “civilizados”. La economía africana no cambió de manos con la descolonización. Las empresas europeas seguían disfrutando de ventajas fiscales y contratos ventajosísimos con los nuevos gobernantes africanos. Además de los negocios sucios y trampas. Un informe de UNCTAD estima que África pierde, 88.600 millones de dólares anuales mediante flujos financieros ilícitos, es decir que ciertas empresas, además de conseguir las materias primas a precios de saldo, mueven los hilos para seguir exprimiendo a los países africanos.
El tema está en que el futuro de la industria occidental necesita cobalto, cobre, litio, manganeso, grafito, níquel… para la fabricación de coches eléctricos, baterías, paneles solares, redes eléctricas, teléfonos, ordenadores, centros de datos… y que esas materias abundan en África y que este comercio no genera ninguna riqueza para los países de origen, sino más bien lo contrario, guerras criminales entre mafias empresariales para disputárselas. Guerras en las que se implican a tribus para que, en las disputas se maten entre sí…
Por eso cuando veo a ciertos gobernantes africanos o no, utilizando a los hambrientos jóvenes para que mueran ahogados en apoyo de sus negocios, se me revuelve el estómago.
Muchas veces me he preguntado ¿por qué esa saña en contra de África? Y una respuesta se me esboza, no sé si será cierta. África dio al planeta una de las joyas de la evolución: el Homo Sapiens, y yo creo que los gorilas que manejan la economía no se lo han perdonado, porque saben que, antes o después, la nueva especie traerá la justicia humanista al mundo.






