Otras formas de poesía: El Humanismo Solidario de Alberto Torés

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Autor: Belén Molina Huete (Universidad de Málaga)

OTRAS FORMAS DE POESÍA:EL HUMANISMO SOLIDARIO DE ALBERTO TORÉS

En el año 2004, y con motivo del Congreso Internacional celebrado por la Universidad Complutense de Madrid, bajo el título de “La poesía española del siglo XXI: Los caminos de la tradición”, la profesora Belén Molina (Universidad de Málaga), hacía su aportación con la propuesta “Otras formas de poesía: El Humanismo Solidario de Alberto Torés”.

Este trabajo del año 2004 puede ser considerado el punto de arranque, un referente con el que se inician las reflexiones que han venido manteniendo los componentes de esta corriente y que han desembocado, finalmente, en el año 2013 en la propuesta estética y de pensamiento definitiva que se configura como el Humanismo Solidario.

Alberto Torés: un nuevo nombre con que alimentar ese laberinto de Creta que parece ser la poesía de nuestros días; sólo el tiempo dirá si sobrevive al Minotauro.
Alberto Torés nació en París allá por 1959. El dato podría resultar anecdótico si no fuera porque París es la ciudad apenas nombrada, pero intensamente vivida, que sirve de espacio a sus sujetos. París es la ciudad, la estación y los andenes, es la formulación de lo femenino (carmín, tacón y seda), es el espejo de charol que refleja desde el asfalto, es la memoria que persiste… Y es la libertad, la libertad del simbolismo y la experimentación, de la subversión… es ya una clasicidad contemporánea, es el lugar donde decidió ser poeta.
A los veintiún años, Alberto Torés arriba a Málaga, se instala en la Facultad de Filosofía y Letras, y allí le inunda —como a otros muchos nos ha pasado— la modernidad del clasicismo. El Siglo de Oro español prendió sus esferas y desde entonces no le ha abandonado, como tendremos ocasión de comprobar. El Siglo de Oro es el retiro de lo que perdura, el punto de llegada, las puertas míticas al misterio poético, el secreto de lo eterno, es la disciplina del verso, es el horizonte que hoy le hace ser crítico.
Dos facetas, pues, la creativa y la crítica, en perfecta simbiosis y que solidariamente entrelazadas marcan el signo de su obra editada (y aún más de la inédita con más intensidad si cabe).
Alberto Torés inició oficialmente su andadura poética con Trilogía viajera, serie integrada por La ventana de Lázaro (1988), La entrega de los vientos (1991) y El hombre del puente (1992). Este último título obtuvo el «Premio Bahía de Algeciras 1991». Con un reconocimiento por parte de los críticos que, sin embargo, no se ha visto traducido en mayores favores, fue finalista del «Premio Nacional de la Crítica» en 1998 por El jardín de la penumbra y en 2000, El salón de la memoria obtuvo el «Premio Andaluz de la Crítica».
Alberto Torés ha escrito como estudioso de la literatura algunos ensayos (sobre escritores contemporáneos pero también áureos, como Francisco de Trillo y Figueroa, Felipe Godínez o Juan de Zabaleta), ha colaborado y colabora como reseñista en revistas literarias nacionales y extranjeras, y recientemente se ha sumado a la saga de antologías poéticas con una selección titulada Poesía española (1975-2001). Memoria viva de la emoción poética, publicada en 2002. Se trata de una compilación muy personal de autores y textos, tremendamente ecléctica, rompiendo fronteras de
períodos clasificatorios, de temáticas identificativas o de ofertas novedosas (aunque de ello se nutre), y con firmes presupuestos a los que luego haré alusión.
Pero me permito destacar en este aspecto, su labor como Director de Canente. Revista literaria, de la que J. Lara Garrido (presente en esta sala) es editor. Canente fue la esposa de Pico que lloró y gritó su metamorfosis en vistoso pájaro por la desdeñada Circe hasta diluirse y deshacerse. Tal pasión —amorosa y doliente—, cuando se siente ajeno lo más próximo, es la que lleva a reunir en esta publicación (como en su día el Gallo crisis de Lorca) textos y estudios sobre Siglo de Oro y textos y estudios de autores modernos (el último número se ha dedicado al poeta granadino Antonio Carvajal, con quien conjuntamente podría suscribir Alberto Torés: «Soy un poeta de mi tiempo, con memoria, y quiero tener futuro»).
Al margen de esto, como él mismo afirma, «llega a final de mes merced al salario de profesor de escuelas oficiales de idiomas». Lo cual nos ofrece un curioso triángulo entre esa ciudad mitificada y subversiva que era París, la instrucción y la práctica de la crítica literaria que nos había dado su formación de licenciado y, por último, un segmento de realidad al que Alberto Torés no renuncia y que además prolonga conscientemente. Llega aquí su faceta de ciudadano comprometido como columnista crítico y asesor literario del Diario Málaga Costa del Sol desde el que lanza afilados
dardos con la idea de que «Otra Málaga es posible», «Otro mundo es posible».
En esta utópica pero loable tarea hace de la poesía un arma cargada de presente y no desprecia recitales, colaborar con sus textos en presentaciones o exposiciones culturales de diversa naturaleza, prestar sus textos a la publicidad (La poesía en cajas, inédito), promover proyectos educativos en nuevos soportes tecnológicos (Bajel. Navegar por la literatura andaluza)… Y esa dimensión social inexcusable que para él tiene el arte encuadra también su labor de traductor (como su último trabajo para niños y mayores: Blaise Cendrars, Panamá o las aventuras de mis siete tíos, Valencia, 2004).
En conclusión, poesía, crítica en todas sus acepciones, y vida intentan ser un único cuerpo en Alberto Torés. De entre todos sus poemas, escojo éste que sigue para su presentación lírica.
Aunque su título responda a la Esencia del secreto, creo que los últimos versos develan y revelan perfectamente su poesía: la pasada, la presente y la que está por venir:

ESENCIA DEL SECRETO
[Sigila, 2000]
Desde siempre a casi todos nos pudo,
por más que fuéramos de amores cómplices
nos llamó, nos rechazó, nos sedujo
y finalmente nos dijo apacible:
soy singular de plurales, agudo
grito animal, retorcido cisne
de por vida, tiempo, espacio, derrotas
y una pequeña llave sin forma.

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